En el béisbol se dice que el juego no se acaba hasta que cae el out 27, pero para Randy Arozarena, la temporada no terminó al guardar los spikes en Seattle. El «Mariachi» o mejor conocido como «El cohete cubano » sigue bateando de mil en plena offseason, esta vez con un gesto que demuestra por qué es uno de los peloteros más respetados, no solo por su swing, sino por su calidad humana.
El jardinero de los Marineros se encuentra en su base de operaciones en Yucatán, donde soltó un «bombazo» de agradecimiento: le entregó las llaves de dos autos último modelo a la gente de su esquina, esos que sudan la camiseta con él cuando las cámaras de televisión no están grabando.
Una promesa de «Big Leaguer»
La historia tiene el guion de una película de béisbol. Meses atrás, Randy hizo un compromiso con su equipo de trabajo personal: Carlos Pérez Fernández y Edwin Solís Ballote, el famoso «Sensei». El trato era sencillo pero serio: si Arozarena lograba ajustar la maquinaria y tener una campaña sólida en el mejor béisbol del mundo, habría recompensa para quienes le ayudan a mantener el nivel.
Y como buen cuarto bate, Randy no falló a la hora cero. Tras cumplir en el terreno de juego, el cubano-mexicano hizo efectiva la promesa y sorprendió a sus mentores con los vehículos, confirmando que la lealtad es su mejor herramienta.

Cualquier fanático que sabe de pelota entiende que lo que vemos en la MLB es resultado del trabajo sucio en el invierno. Pérez y Solís han sido los encargados de pulir el físico y la mentalidad de Arozarena, preparándolo para aguantar el ritmo de 162 juegos. Son los coaches que han estado ahí, tirando bola y corrigiendo mecánica, mucho antes de que Randy fuera el fenómeno mundial que es hoy.
Con este gesto, Arozarena deja claro que, aunque juegue en los estadios más lujosos de Estados Unidos, su corazón y su gratitud siguen jugando de local en el Mayab. ¡Tremendo Grand Slam de humildad de Randy!
