El béisbol regaló una noche para la historia en Lagos de Moreno, Jalisco. En el Juego 2 de la Serie Final de la Liga Titanes del Bajío III, disputado en el emblemático Estadio Panamericano de Béisbol, los Caporales de Lagos firmaron una de las páginas más memorables del circuito al lograr una remontada épica en la novena entrada y vencer 5-4 a Piratas de San Luis Potosí, asegurando así el bicampeonato ante su gente.
Cuando el panorama parecía adverso y el título se escapaba entre los dedos, los Caporales demostraron que los campeones se forjan en la adversidad. Con temple, carácter y un corazón inquebrantable, el conjunto de Lagos volvió a responder en el momento más importante.
El Estadio Panamericano de Béisbol lució un ambiente inmejorable. Desde horas antes del primer lanzamiento, la afición comenzó a llenar las gradas, creando una atmósfera cargada de expectativa, emoción y orgullo local.
El Juego 2 no era un partido más. Era la oportunidad de Caporales de cerrar la serie en casa y de Piratas SLP de extender la final. La tensión se sentía en cada rincón del estadio, con dos equipos conscientes de que cada error podía ser definitivo.
Piratas SLP golpea primero y toma el control
Desde el inicio del encuentro, Piratas de San Luis Potosí mostró que no había viajado a Jalisco para ser espectador. Con una ofensiva paciente y oportuna, lograron tomar ventaja temprana en la pizarra, silenciando por momentos a la afición local.
El plan de Piratas fue claro: presión constante y dominio desde el montículo. A lo largo de las primeras entradas, el equipo potosino supo capitalizar sus oportunidades, obligando a Caporales a remar contra corriente.
Uno de los nombres propios de la noche fue Eduardo Mares, lanzador de Piratas SLP, quien ofreció una actuación sobresaliente desde la lomita. Mares trabajó 8 entradas y media, manteniendo bajo control a la ofensiva rival con gran comando, inteligencia y sangre fría.
Durante casi todo el juego, su pitcheo fue la principal razón por la que Piratas se mantuvo al frente en el marcador. Enfrentó situaciones de presión, salió de problemas y mostró liderazgo absoluto, dejando claro por qué es uno de los brazos más confiables de la liga.
A pesar del resultado final, su desempeño fue reconocido con justicia al ser nombrado MVP del juego, un premio que refleja su entrega y calidad, incluso en la derrota.
El clímax llegó en la novena entrada, una de esas que hacen del béisbol un deporte único. Con el marcador en contra y el campeonato en juego, Caporales salió decidido a cambiar la historia.
Los batazos comenzaron a aparecer, uno tras otro, encendiendo al público que no dejó de alentar ni un segundo. La presión cambió de bando y el Estadio Panamericano se convirtió en una caldera.
Cada lanzamiento se vivió con intensidad extrema. Los nervios estaban a flor de piel. Un error, un contacto oportuno, una decisión estratégica… todo contaba.
Finalmente, Caporales logró la remontada, cruzando las carreras necesarias para darle la vuelta al marcador y colocar el definitivo 5-4, desatando la euforia total en el diamante.
Los Caporales de Lagos no solo ganaron un campeonato, ganaron respeto y admiración. Supieron sufrir, resistir y golpear en el momento justo, demostrando que los grandes equipos se construyen en los momentos difíciles.
En el Estadio Panamericano de Béisbol, ante su afición y en el Juego 2 de la Serie Final, Caporales escribió una historia que será contada por generaciones.
Bicampeones con garra, carácter y corazón.
